Jonathan Gonzalez Villena
Jonathan es un joven escritor que se presenta asi en SpanishArts:
Mi nombre es Jonathan y soy un adolescente que ahora mismo tiene 16 a¤os y curso Bachillerato. El inicio de mis escritos se remonta a este verano. Empece a escribir porque me entro el gusanillo. Cada dia voy mejorando y espero que algun dia pueda publicar un libro. Disfrutad (o tened miedo de mis obras. Gracias a todos.
Gracias a ti Jonathan y desde aqui te mandamos todo nuestro apoyo para que sigas creciendo como escritor y como persona.

OTROS ESCRITORES
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  • Miguel Angel Sánchez Valderrama
  • Rosendo Pérez Martínez
  • Ruben Gracia
  • Virginia Llera Rivera
  • Vaso de leche

    El agudo dolor con el cual había cargado todo el día se acentuaba ahora más que nunca. Me desvelé del suave sueño en el que me encontraba, tosiendo y sintiendo como mi garganta estaba ardiendo. A ciegas, pulsé en interruptor que había a mi lado, encima de la mesita de noche. Los ojos me lloraban y mientras que con la mano derecha los intentaba secar, tragué fuertemente saliva; la tos había cesado.
    Un dolor de garganta puede ser más doloroso que una herida en una pierda si no se cura a prisa. Recuerdo aun las palabras que el abuelo dijo una vez cuando era pequeño y yo me encontraba con la gripe. Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro en el momento en el que me preguntaba el motivo del recuerdo de ese momento.Retiré las sábanas que cubrían mi cuerpo y me coloqué las zapatillas caseras. Después de incorporarme, la tos regreso y lo único que podía hacer era aguantar el dolor mientras esquivaba el montón de ropa sucia que había en el suelo para poder abrir la puerta.
    Me dirigía a la cocina a tomar un gran vaso de leche caliente, seguro que me aliviaba el dolor. El piso era bastante pequeño y la cocina era la estancia que se encontraba paralela a la mía. No me excedí en prepararme la bebida, me gustaba poco caliente y sin azúcar, pero con mucho cacao, para darle sabor.
    Cuando el timbre del microondas sonó, me apresuré a comprobar si estaba muy caliente porque otro ataque de tos me afectaba en aquel instante. Tenía un modo peculiar de comprobarlo, cogía una cuchara de café y bebía un sorbo del vaso. Estaba perfecto, así que con la misma cucharilla eché el cacao. Todo el mundo sabe que si echas el cacao después de calentar la leche, su sabor aumenta considerablemente. Empecé a girar la cucharilla, observaba como la leche adquiría el característico color marrón pero, justo cuando la saqué del vaso y vi como caían algunas gotas de ella, coloqué el vaso en la pequeña mesa de la cocina, y yo me senté en el taburete que solía usar en la comida.
    Ya no estaba preocupado del dolor de garganta, me preocupaba más mi propia vida. Hasta mis diecisiete años, la señora fortuna siempre he había sonreído, tenía lo más importante que un chaval de mi edad podía poseer: familia y amigos. Pero no podía parar de recordar a mi abuelo. Cuando estas en un momento tan bueno y miras al pasado, puedes ver tu propia evolución, y gracias a él, empecé a vivir la vida. Cuando murió, lo pasé bastante mal, pero esto me sirvió para coger fuerzas y seguir adelante, sin llorar, sonriendo y feliz, porque los altibajos forman parte de la felicidad.
    Me bebí la leche de un sorbo; entro caliente a la garganta y eso me alivio bastante. Me fui a la cama con una idea en la cabeza: aun era un bebe de la vida.
     

    Prejuicios

    - ¿Cómo vas con el examen de matemáticas? – decía Lucas mientras él y yo corríamos para poder cruzar a tiempo el semáforo.
    - Me va de pena. Creo que me quedará este trimestre – le dije con toda sinceridad, y a la vez, parecía mentira que yo mismo dijera eso.
    Desde siempre he sido un chico que saca buenas notas. Nunca tuve grandes problemas para aprobar asignaturas, aunque este año era muy distinto. Había empezado Bachillerato, y no lo llevaba nada bien. Desde el inicio de curso, solo había aprobado un examen, el de tecnología.
    - Pues yo ya llevo estudiando desde ayer, y no lo veo difícil; lo único complicado son los logaritmos, pero en una tarde...[Leer completo]
     

    Ejercicio practico

    Se tumbó en la cama suavemente, sin ninguna prisa, quería disfrutar de ese momento, de cómo el placer de tumbarse en su cama mullida y blanda aumentaba en él, quería conservar esa sensación en su recuerdo, pero él realizaba este acto a conciencia, quería comenzar a relajarse como acostumbraba a hacer todos los domingos después de la comida. El ambiente de la habitación era oscuro, la poca luz que entraba por la ventana lo hacía a modo de resplandor, formando pequeños hilos de claridad en los cuales se podían observar las motas de polvo flotando sin ningún destino, como queriendo permanecer en la eternidad; todos estos detallas le daban un toque antiguo y hasta tenebroso a la pequeña habitación, casi no se podía observar nada, los detalles propios de la habitación estaban ocultos en la oscuridad, se podía percibir la silueta del muchacho ya tumbado en su cama, un joven moreno, tal vez unos diecisiete años, unos labios carnosos y un cuerpo al cual se le podía observar su dedicación al deporte; estaba sano, con algún músculo sobresaliendo del resto. Sus piernas eran largas y parecían fuertes, ágiles, debería de ser un gran corredor; su pecho, casi formado y en el cual se podían observar algo de vello era de una gran belleza.
    En ese instante, en ese momento de dolor para el oído y placer para la vista, empieza a escucharse un susurro, unas palabras que proceden del equipo de música al cual era muy difícil saber su paradero, parecía que invadía todo, hasta el rincón más oscuro; cada segundo que pasaba se podía apreciar que ese susurro indeterminado se estaba convirtiendo en una especie de cántico, una preciosa melodía cantada por mujeres de voz muy grave, parecían, como se suele decir, ángeles. Cada segundo que pasaba esa melodía aumentaba de preciosidad, ahora, el sufrido oído que nos encontrábamos hace poco es quien más disfruta, la habitación se envuelve en esa melodía. Poco a poco, esa melodía se introduce en la mente del muchacho, y esto provoca la reacción que tanto ansia conseguir.
    Olor a agua salada, el muchacho percibe ese olor más y más cerca, parecía que se encontraba cerca del mar y así era. Se encontraba en una gran playa, con una arena extremadamente blanca; una playa que se extendía hasta donde alzaba la vista, y en ella, a unos cuantos metros del mar aparece nuestro muchacho, sentado, con las rodillas flexionadas y con su cabeza apoyada en estas. Empezaba a despertar, abría los ojos poco a poco, con cuidado, como si fueran muy frágiles y a la vez va elevando la cabeza hasta que el su vista se acostumbra al ambiente; una gran sonrisa recorre su preciosa cara cuando descubre donde se haya. Descubre que el mar tiene un color extremadamente bello, aguas cristalinas la formaban, un mar que al igual que la playa se perdía en el horizonte. No intentaba localizar el lugar donde se hallaba, sabía que ahora la geografía que había aprendido no le ayudaría a guiarse porque esa playa solo se encontraba en su mente, era única, al igual que la belleza con la cual el moreno joven se la imaginaba. El cántico no desapareció en ningún momento, seguía allí pero ahora procedía del mar, unas aguas muy tranquilas que con el mecer de la brisa marina arrastraban a la costa esa música que creaba esa sonrisa de niño que tenía en su cara, una sonrisa sincera y agradable. No tardó mucho en descubrir que se encontraba desnudo, sin ningún tipo de bañador o de slip, sentía la fresca arena por todo su cuerpo, una sensación muy poco conocida por él, nunca algo que había imaginado era tan real, se encontraba en su mejor fantasía. Se quedó mirando el mar, solo con su soledad, lo miraba sin mirarlo; no se fijaba en la belleza, sino en lo que significaba para él ese lugar, el porque su mente lo ha trasladado allí, tenía muchas preguntas y muy pocas respuestas. Pensó muchas cosas, pero la idea que más aceptación cobrara era que ese lugar representa sus recuerdos, un mar de recuerdos tenía a sus pies, un lugar donde se encuentran los buenos recuerdos en la superficie del mar y los malos en las oscuros y profundas aguas del fondo. Pensó en caminar un poco mientras esos recuerdos bañaban sus pies, quería pasear por esa playa, pero lo hizo muy despacio, apoyó su mano derecha en la arena y se elevó hasta erguirse. Lo hacía poco a poco, como si el tiempo fuera muy lento, muy tranquilo. Incluso de pie, esa playa se perdía en el horizonte, pero eso no le preocupaba, solo quería caminar, pasear; se acercaba igual de lento hacía el mar, el cántico aumentó de intensidad mientras más se aproximaba, ahora, su teoría de que los recuerdos lo llamaban era inevitable. La primera vez que sintió el agua en sus pies fue como si la mejor geisha del mundo le estuviera haciendo un masaje en los pies, si sonrisa aumentó y ahora ya no pensaba en el porque, solo caminaba hacía su derecha, caminaba para olvidar y disfrutar. No tardó mucho en divisar un objeto que se encontraba no muy lejos de él, parecía sonarle de algo, así que intentó acelerar el paso para ver que era, seguro que algún recuerdo que su mente quería que observara. Cada vez estaba más extrañado, parecía como si no pudiera llegar a él, mientras más rápido caminaba más se alejaba del objeto. No fue muy difícil comprender que sucedía, debía de ser que rompía con la armonía del lugar, aprendió que para llegar a él debería de caminar como lo había hecho hasta ahora, sin ningún tipo de prisa. Al precortase de que su idea surtía efecto, y para no estar mirando al objeto, giró su cabeza a la izquierda y observó la mar; el cántico aumentaba aun más su intensidad pero aun así, no molestaba al oído, era una música muy agradable. Cada paso que daba era gloría para sus pies, cada nota que pasaba era gloria para sus oídos, cada segundo que trascurría era una gloría para sus ojos y mientras todo esto pasaba y recordando el porque de su caminata giró de nuevo su cabeza y, efectivamente, el objeto que se encontró era una parte de su pasado. Una cometa de color rojo hecha por él cuando tendría 6 años se encontraba en la ahora, estaba nueva, como recién hecha y la cuerda parecía brillar, re arrodilló ante ella y pensó que lo más posible es que fuera plata, pura plata era lo que sostenía en sus manos pero, no pesaba, era muy ligero. No tuvo que pensar mucho sobre que era lo que su mente quería que hiciera, se puso de pié y confió fuertemente el ovillo de cuerda de plata y empezó a correr y no tardó mucho en alzar el vuelo esa cometa, era espléndido, estaba muy feliz, jugando como un niño pequeño con su cometa en el lugar más maravilloso en el cual nunca se había encontrado. Corría y corría, su vello cuerpo desnudo se movía al son de las pequeñas olas que llegaba a esa playa y al igual del tempo del cántico. A él le daba la impresión de ir deprisa, pero caminaba muy despacio, sin cambiar la armonía del lugar, todo transcurría en un tiempo muy tranquilo. La cometa se alzaba más y más, hasta que el muchacho se detuvo y comenzó a obsérvala, como volaba, como permanecía quieta en el aire sin querer bajar y en ese instante, cuándo alcanzó su punto más alto, el joven observó que comenzaba a cambiar, un brillo indefinido provenía de ella, tuvo de taparte los ojos con las manos y dejar caer el poco ovillo de plata que tenía en las manos. Cuando se percató de que ese brillo había desaparecido, abrió los ojos; a estos le costó mucho acostumbrarse al ambiente pero merecía la pena con tal de observar ese fantástico espectáculo, una ave de fuego daba círculos por encima de él, enseguida vino a su cabeza la palabra “fénix” aves de fuego de la antigüedad. Volaba erguida, con una gran velocidad y cada vez que agitaba sus alas unas especie de polvo emergía de ellas; sin más motivo, la ave se dirigí hacía el mar, el muchacho observó que mientras hacía ese corto trayecto una pluma del ave cae de alguna parte de su precioso cuerpo hacía la blanca arena, pero antes de que esto ocurra, el fénix se precipita sobre el agua, sumergiéndose en ella. Estaba preocupado, no sabía el motivo del suicidio del ave, así que solo le quedaba ir a ver la nunca parte de su cuerpo que había sobrevivido. Se encontraba algo lejos y el muchacho tardó en llegar, cumpliendo con la norma de despacio tiempo que estaba vigente en aquel lugar de su mente pero mientras y al igual que había hecho cuando encontró la cometa, observaba en mar sin observarla. Cuando llegó al lugar no vio la pluma, ahora no emitía fuego ni calor, sino que era como cualquier pluma de paloma que se puede encontrar cualquiera por las plazas de las ciudades. Pero todo cambio, antes sus ojos, esa pluma empezó a formar parte del ambiente, se convertía en arena. Se hizo una pequeña montaña de arena pero está tenía un color rojizo. El muchacho no comprendía que había pasado y notó, en ese momento, que ese precioso cántico que provenía del mar ya no se oía.
    Abrió los ojos con mucho cuidado, empezó a ensalivarse la boca, la tenía seca la boca, ya no se encontraba en su preciosa playa, estaba en su sombrío cuarto, pero, después de todo ese sueño, el joven muchacho sonreía, lo había conseguida, había viajado al mar.
     

    Paloma de cobre

    Cada vez que recuerdes mi nombre
    una brisa de viento entrará por tu ventana
    y una paloma de cobre
    cubierta de plumas de lana
    te enviará una acaricia desde mi corazón
    para poder resistir el muro de la distacia
     

     
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