Hugo Aqueveque
Bajo este pseudonimo, hace su interrupción en SpanishArts este escritor novel.

OTROS ESCRITORES
  • Cesar García
  • Consol Torrente
  • David Alexander
  • Edrapecor
    (Edgar Ramón Pérez Cordero)
  • Ermantis
  • Fabiola Maqueda
  • Felipe
  • Gustavo Fabian Saldaña
  • Hugo Aqueveque
  • Javier Campos Vidal
  • Jonathan Gonzalez Villena
  • Jose María
  • Josep Esteve Rico Sogorb
  • Juan Merchan
  • Luis Tamargo
  • Marina Romero Naranjo
  • Miguel Angel Sánchez Valderrama
  • Rosendo Pérez Martínez
  • Ruben Gracia
  • Virginia Llera Rivera
  • Caza de gatos

    Era el Santiago de mitad de siglo, el Santiago oprimido del general Ibañez del Campo. Horacio vivía en una casa que había construido su padre, Hernán, con sus propias manos. Por entonces, apenas pasaba de los diez años y ya era un carpintero consumado de la mueblería de su padre, que, a punta de castigos, lo había entrenado hasta convertirlo en un virtuoso precoz en el arte de dar formas a la madera. Trabajaba por las tardes en la mueblería, después de su jornada escolar; era un ritmo agobiante para un niño, pero aguantaba estoicamente, resignado además al no conocer otra forma de vida, por lo que la costumbre reprimía cualquier impulso de emancipación en su espíritu. Al final de cada semana obtenía su anhelada recompensa; ir al cine. Ni sábados ni domingos debía trabajar, lo cual le dejaba el tiempo más que suficiente para ir a las matinés, su fascinante distracción. El valor de las entradas era el miserable pago por su ardua labor en el taller; su padre argumentaba que tenía que trabajar para ganarse el plato de comida diario, además de la ropa, y que no cabía otro tipo de estipendio para un niño. Horacio se conformaba con poco, en su balanza pesaba a favor también el descanso absoluto de esos dos días, en los que podía relajarse y dormir a sus anchas y dedicarlos a sus ociosidades de chico, aunque a veces no lo eran tanto, porque de vez en cuando realizaba ocultos menesteres bastante cuestionables para alguien de su edad y de cualquier otra.

    Era en las tardes de domingo, no siempre, sólo a veces, a la hora de almuerzo, cuando su padre dormía alguna borrachera mañanera o estaba en plena ejecución de una de vermut en la fuente de soda que estaba en la plaza, y la gente encerrada en sus hogares rumiaba lo difícil de la vida diaria y el esclavizante trabajo de la semana, a esas horas cuando en las calles sólo se oía el ruido de las hojas de los árboles al resoplar el viento y algún motor de automóvil a lo lejos, Horacio salía de su casa premunido de una gran caja de cholguán de seis lados clavados a delgados ángulos de madera, construida por él mismo, con una de las hojas de cholguán corrediza —se podía quitar completamente—, y dentro de un saco: una cuerda, una corta varilla de madera y envuelto en papel periódico, algún pedazo de pescado o de carne mal oliente. La caja tenía cuatro pequeñas ruedas de caucho en lo que parecía su parte superior, que al voltearla sobre el suelo, se podía acarrear fácilmente tirando del cordel...
    [Leer completo]
     

     
    Si está interesado en la edición o compra de la obra de este escritor@, por favor, contacte con nosotros enviándonos un mensaje a:

    questions@spanishindex.com


    ArteEspañol.esSpanishArts.com-ArteEspañol.es
    CONTACTO
    E-MAIL
    SpanishArts.com