Miguel Angel Sánchez Valderrama
Miguel Angel Sánchez Valderrama Nací en Liria (Valencia), el 10 de junio de 1969, y soy granadino de adopción. Mi afición a la escritura fue a partir de los dieciocho años, y escribía esporádicamente. A partir de los veintipocos años escribía casi diariamente hasta ahora. Al estar conectado en Internet desde hace tres meses tengo la oportunidad de publicar varios relatos en revistas literarias y talleres para escritores noveles en internet. Fui varias veces al Taller literario de Casa de Porras de la Universidad de Granada.
Estudié Formación Profesional en la rama de Delineación. Y estuve en el primer año de Arquitectura Técnica y en Filosofía Pura. Desde hace ocho años suelo asistir a cursos de Psicoanálisis.

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  • Consulta con tu almohada

    Ese movimiento nervioso de doblar las piernas, un movimiento tan femenino, sentada en el sofá, viendo la televisión, cambiando de canales con el mando a distancia, paseabas cuando estabas harta de ver televisión por el pasillo, como tratando de averiguar algo que rondaba en su mente. En la cocina abrías y cerrabas la nevera, está casi vacío, hace poco fue al supermercado, pero no supo qué comprar. Estás especialmente nerviosa, anoche lo consultaste con la almohada en la cama, anoche imaginabas momentos placenteros, anoche leíste un libro de poesía, anoche te asomaste por la ventana el discurrir hormigueante de gentes por las calles, anoche estaban especialmente excitadas por nuevas estimulaciones, bombardeos de estimulaciones callejeras, como en esos lugares con sus luces apagadas y enciendes, zonas juveniles que se veían desde las ventanas, en esa noche de fin de semana, y en el fondo del cielo una luna llena, recordaba al hombre lobo, no supo si recordaba pensar en hombres lobos, quizás pensaba en hombres lobos, buscando ansiosamente algo por la noche, desde las doce de la noche, con la luna pletórica, con la luna llena.
    Solitariamente, en tu apartamento, sabías que no volvería tu amante, hace años que no volvía su amante, te sentías especialmente solitaria, no sabías qué hacer, sino pensar... en ociosidades, no sabías que consultabas con tu almohada, muchas gentes consultan sus almohadas. Ese doblar nervioso de esas piernas femeninas exquisitamente depilada, te depilaste anoche con cera, te producía placer depilarte con cera, como siempre hacías, tu parte velluda apenas existente por la cera, empiezas a contar las velas que había bajo un santo en una determinada iglesia de tu infancia, encendías unas tras otra velas previo pago de una determinada moneda de ínfimo valor, un precio simbólico para encender velas, cada moneda te permite el derecho simbólicamente hablando de encender tantas velas, promesas, muchas promesas, como promesas que pediste anoche a la almohada.
    Consulta con tu almohada. Expresión popular, pensabas. Tus cajones de tu ropero, un cajón para colocar ordenadamente bragas de diversas formas y colores, y otro cajón para tus sujetadores, y otro cajón para camisetas, y otro cajón para vestidos, y otro cajón para faldas, y otro cajón... Y en el ropero hay una barra para colgar perchas de diversos vestidos de uso frecuente y diario... La cama recién hecha, solamente doblabas nerviosamente tus piernas, mientras cambiabas de canales con el mando a distancia. ¿Quién eres realmente?, pensabas continuamente.
    Prolongadamente. En ese apaga y enciende de luces luminosas de las calles, esas discusiones de borrachos en las puertas de los bares, todo lo observaba desde la ventana de tu dormitorio, cada cual se tiene su pequeña ventana de la realidad, unas más estrechas que otras, y hay gentes que realmente, que apenas tienen ventanas para ver realidades...
    ¿Qué consultabas anoche con la almohada?, recordabas ciertas escenas del pasado, cómo retroceder cada dos por tres una cinta de vídeo a cámara lenta para observar y mirar o ver el más mínimo detalle de esas secuencias de imágenes. Pensabas en la palabra estimulación. Si no te estimulas, aunque sea artificialmente, pensabas, te quedas dormida, obnubilada o lo que sea.
    Viste una discusión de un adolescente motorista con otro adolescente motorista, es un choque imaginario, se chocaban, y señalaban con los dedos índices, preámbulos de una pelea callejera, los policías, avisados por los vecinos alarmados por ese gran ruido callejero hacen caso omiso, tienen otras cosas que hacer. Le llegaban a su oído músicas electrónicas, "bakalaeras". Cerró la ventana y echó abajo la persiana.
    Doblabas continuamente muy femenina tus piernas, quizás un ofrecimiento a un otro imaginario, invisible, que construías en tu apartamento, ese otro que observaba tus movimientos mecánicos, tu doblar de piernas, tu depilación continua, quizás tu otro imaginario a veces lo proyectaba en tu almohada, que consultabas siempre, buscar respuesta a tu almohada, consultar tu almohada... Como muchas.
    Apagaste la televisión. Te duchaste. Tu cuerpo totalmente depilado. Desnudo. Deambulabas por el apartamento. Por el pasillo. Por el corto pasillo. Como un rito. O una manía. Deambular por el corto pasillo. Desnuda te introduciste en tu cama, y consultaste a la almohada. Día tras día.
     

    Diario de Carolina-Crispación-

    Te agobias demasiado, no habías comprado el paquete de tabaco y te habías tomado varios café, el mono del tabaco, en la televisión aparecían imágenes de la caída del régimen yugoslavo de Milosevich. Y también la represalia del ejército israelí. La intifada palestina. Se crispa en un domingo como hoy. En este domingo, como cualquier domingo, por las mañanas no hay gentes paseando por las calles, y el domingo muchas parejas enamoradas como que son su día, en este día del señor. Las voces humanas te crispan. Te crispa de los nervios. Pablo estaba especialemente sensible de los nervios. Dice que los domingos son aburridos.
    Las voces humanas retumban por todos los lados, sonidos huecos, palabras vacías, que no van a ninguna parte, a seguir circulando las palabras como los automóviles por las calles de las ciudades, como las monedas, intercambios de palabras vacías, los niños arrastran a los padres, como que dominan a los padres. Los niños crispan a los padres. Que las sensaciones que como no saben por donde depositar, que las flores del jardín se manifiestan de llamativas coloraciones, que impactan al ojo, que el color cemento de las baldosas de las aceras, como obsesivamente vas sorteando baldosas en forma de rombos, como obsesivamente vas mirando cada farolas, contándolas, y enumerando las matrículas de los coches, se venden fascículos para desarrollar la memoría, memorizando números, nombres, colores... Táctilmente, sonoro, visualmente, y más ahora, los estudiantes que empiezan la etapa escolar, desarrollar hábitos de estudios, como algo mecánico. Los buzones se llenan de papeles basuras, el cielo cada vez se carga más de contaminación creando una gruesa capa contaminante, gris, no nos permiten ver el cielo con total nitidez. Las ratas de la red de alcantarillado de la ciudad. Que bonita imagen. El kiosquero de varias calles más allá me devolvió cara de estúpido, desviando la mirada, como respuesta a mi desvío de mirada, pedí un par de cigarrillos, el kiosquero es literalmente ocupado por papeles impresos, vídeos... Un pequeño espacio interno, para sus cosas. Atiende a las gentes. Este es el estúpido domingo. Un día para el descanso.
    Patatas fritas con tomate y huevo fritos. La microondas parecía que no funcionaba, dimos varios toques. Al final andaba, daba vuelta el plato. Las cervezas en latas. La nevera semivacía. La televisión encendida. Israel endurece su postura, amenaza con romper el proceso de paz. Se oye. Milosevich reconoce la victoria del contricante político, un tal Kostunica. Milosevich no abandona el país, un país, repúblicas o no sé qué historias que los llevó al desastre, tantas limpiezas étnicas, eliminación de razas, derroche militar... Que tanto nos han acostumbrado en nuestra juventud y adolescencia viendo la televisión. Cuando era pequeña lo que me acuerdo mucho era Beirut destruida por bombas y cosas así. Diariamente veíamos imágenes televisivas de guerras, nos alimentaban de esas imágenes, sea comiendo, desayunando, o cenando, el puto televisor delante, y como mi padre veía siempre telenoticias, pues eso.
    Crispación generalizada.
    Se reparten tortas. Motoristas que reparten pizzas. Árboles decaídos. Gentes domingueras, especialmente aburridas. No hay demasiados ruidos como por ejemplo la tarde del viernes o sábado. No. Es un domingo aburrido. Las iglesias por las mañanas reciben feligreses. Y también se ven coches engalanados para las bodas. Oh, estúpido domingo, me devuelves la estupidez, como Pablo, deambulo por esas aceras de baldosas color cemento, y mi obsesión observando cosas nimias, absurdamente. Literatura basura.
    Asociación de ideas: diga todo lo que se te pase por la cabeza. Me voy a orinar, mi orina de caballo, grandes chorros, champú para la cabeza, escucho música... Una ocurrencia personal de Pablo, como protesta contra esta asquerosa moral sexual, congregación de gentes en la capital del país, y frente al parlamento o lo que sea masturbación real, o sea, tíos que se masturban y lanzan espermas en las paredes del parlamento, y por otro lado, las mujeres llevan consolas e introducir en la vagina abriendo las piernas de cara a las cámaras de televisión, todo a mogollón, mucha gente, cientos, miles, seguro que revolucionaríamos el pensamiento sexual de nuestra sociedad, una nueva revolución sexual, más allá de lo que hubo en los años sesenta. Eso dijo Pablo, estaba de guasa. Por que según Pablo, probablemente si no reaccionamos habrá más enfermos sexuales y las consecuencias serían peores. Me dice Pablo que en vez de escribir escritura vómitos, escritura basura, podría escribir escritura esperma. ¡Pablo, estoy hasta los ovarios de tus sandeces, si alguien te escucha o lee esto, la verdad es que le dará un patatús de los buenos!
    Pablo: “Hoy no es tu día, estás especialmente crispada”
    Como tú, imbécil
     

    Vértigo

    No sé si habrás visto la película “Vértigo”, de Alfred Hitchcock, es la primera palabra, el título de la película del mago del suspense, que se me vino a la cabeza, esas secuencias, cuando adquirió el vértigo, persiguiendo a alguien en el tejado de una casa, y de repente la imagen sucesiva de lo que es el vértigo. Tengo vértigo.
    Admiro a los trabajadores que trabajan en la construcción y a gran altura y en el borde del edificio se ponen a colocar ladrillos, o los trabajadores “tejeros” que se dedican a colocar tejas en la cubierta, esos no suelen tener vértigo, se supone. Yo realmente he rechazado trabajos de “alturas”, por mi vértigo. Y los que hacen puenting es algo increíble. Pero recordaba algo que pasaba con un buen amigo del trabajo, perito de la construcción, que estuvimos dando vueltas por habitaciones de las casas, y nos asomamos por las ventanas para tener una visión general de la marcha de la obra, observar la urbanización a “vista de pájaro”, como él llamaba a eso. Bueno, un día estuvimos casi a veinte metros de altura, nos asomamos a una de las ventanas con casi nulas protección de seguridad, insistía en que hay que extremar las medidas de seguridad y precaución en la obra, cosas que apenas existen, por dejadez. Los trabajadores de las cubiertas no llevan arnés de seguridad, se niegan a ponerse arnés de seguridad, como me dijo el perito de la construcción. La verdad es que hay muchas causas en la cual no se respetan normas de seguridad. Me hablaba de eso mientras nos asomamos a la ventana a gran altura, le dije algo relacionado al vértigo, su extrañeza a mi acercamiento a la ventana me incitó a explicarle, tengo miedo a las alturas, me produce vértigo, pero lo veía demasiado exagerado mi vértigo, le pregunté si tenía miedo a las alturas o vértigo, me dijo que solamente le impresionaba las alturas pero no tenía vértigo.
    Algo se coló en mis palabras que se traducía por ¡tírate al vacío!, estuve pensándolo continuamente, no comprendí como se me colaban esas palabras que algo tenían que ver con el hecho de conminar a mi buen amigo perito de la construcción a que se tirara al vacío, y efectivamente, dio un salto y se sentó en el alféizar de la ventana, ¿qué haces?, pregunté alarmado, y di un paso tremendo de frente para atraparle, pero me produjo un tremendo vértigo, como en el protagonista de la película esa de Hitchcock que dije, vi el rostro de mi compañero y buen amigo perito de la construcción, un rostro que denotaba sosiego y sorpresa, con una gran mirada despierta, “no me pasa nada”, pero era tan fuerte ese mensaje que se coló sin saber por qué en mi conversación sobre el vértigo, ese mensaje que he dicho, la de ¡tírate al vacío!, que se tiró al vacío y calló al suelo pavimentado de espaldas, un golpe seco, su cara miraba al cielo, observé forzando tremendamente mi vértigo su cuerpo yacido en el suelo, no gritó, supe que murió en el acto, me produjo una fuerte impresión, y un fuerte dolor por la pérdida de un gran amigo.
    Me desperté del sueño, fui al trabajo, y comprobé que mi gran amigo, para mi mayor alegría, sigue en su puesto de trabajo y compartiendo ratos buenos. Por que en el sueño tenía un gran dolor por la pérdida de un gran amigo. Me dije, me puse a pensar sobre el poder hipnotizante de las palabras... Al menos quienes están en posesión de la auténtica Palabra. Hay quienes hablan y quienes parlotean.
    Pero cuando voy por las obras de construcción, observo, es una realidad diaria, que muchos hacen caso omiso a las medidas de seguridad, y cuando veo a los otros casi al borde del vacío, me puse a pensar continuamente sobre la palabra vértigo, y me acordaba mucho del sueño que tuve anoche. Y además cada dos por tres de vez en cuando sale en televisión la noticia informándonos de la alta siniestralidad laboral en la construcción y otras actividades laborales. Una gran tasa en comparación con los otros países europeos en cuanto a víctimas mortales y graves a causa de la siniestralidad laboral. Son palabras del telenoticiario.
    Fui a una obra de edificación de entre otras obras y crucé un gran puente de hierro, y observé como muchos practican el puenting. Bueno, realmente me da mucho vértigo la sociedad esta. Vértigo.
    Le comenté todo eso a mi gran amigo perito de la construcción mientras sonreía de mi exageración sobre el vértigo y cada vez más se asomaba al vacío de la ventana...
     

    Mala jugada -Ajedrez-

    Ya que estaba pensándolo, mejor que nunca, no quería comprometerme con nada, ya que las olas del mar, la orilla del mar, la playa, las espumas del mar, las rocas del mar, como un revoltijo de sensaciones me transportaba a nuevas sensaciones que sucesivamente me hacía pensar en muchas cosas a la vez, a veces divertidamente, mientras movía piezas de ajedrez, jugaba una partida de ajedrez, “¿en qué estarás pensando?”, en nada, contesté, estaba algo abstraído, no me concentraba en ese movimiento del caballo de mi amiga contrincante, las piezas negras de mi contrincante, me limitaba a defenderme frente a la gran ofensiva, sabía jugar muy bien, con sus gráciles dedos desplazaban las piezas, el peón, los caballos, la reina, la temible reina hizo un increíble movimiento que casi me da un jaque mate.
    Espere un momento, voy a pedir una horchata, ¿deseas algo?, sí, una horchata, compartimos horchatas mientras teníamos los nervios tensos, estábamos sentados en una terraza de una heladería del paseo marítimo, tiene una vista espléndida de la playa, como una concha marítima, las gentes pasaban, paseaban, veraneaban, tomaban sol, a pesar de bajar algo la temperatura, nos remojamos algo en la playa, miles de sombrillas, como hongos, “no te concentras en la jugada, amigo”, ya la veía venir, la reina se mueve peligrosamente, ahora me imbuyo en la jugada peligrosa, con sus nervios internos que se trasluce, que se transmite en esa jugada peligrosa, la reina se mueve peligrosamente, tengo que mover el peón para servir como pantalla frente al jaque, y luego pensaré qué haré para frenar la ofensiva, “eso te pasa por no concentrarte en el ajedrez, sé que estás pensando en otra cosa, en el mar, en las gentes, te perdono el jaque mate, haré retroceder ciertas jugadas para dar(te) el jaque mate”.
    Puse entre paréntesis, pensé, me puse entre paréntesis, quiere dar(me) jaque mate a algo de mí, a través del juego. Retrocedió algo la furia de la reina, empezaba a mover el caballo, con su salto en zigzag, era el movimiento que recordaba en mi infancia más difícil de aprender, yo jugaba al ajedrez cuando era muy pequeño, pero el movimiento del caballo era el más complicado, hasta pillar el truco, coger el tranquillo como se dice. Mi amiga es muy aficionada, es su hobby, al ajedrez. Estaba un poco harto de mis manías, a través del ajedrez reflejaba su estado de ánimo, la notaba en sus gráciles manos, en su fija mirada sobre las piezas, en su rostro, en nuestra química, apenas hablábamos, estábamos totalmente concentrados en la jugada, hizo mover a la torre, me sentía totalmente acorralado, mi rey tenía poca protección, estaba algo indefenso, tenía que sacrificar a mi reina, me hizo en una revoleada liquidar a mi reina blanca, como si así eliminara a la amada del Rey, y así mi contrincante amiga se movía con suma facilidad entre sus piezas, me hizo acorralar progresivamente como si estuviera atrapado en una telaraña y ella fuera una gigante araña, que progresivamente se me acercaba y me rodeaba de su tela pegajosa que salía de su entraña, y en principio estaba como dentro de un gran capullo para que no escapara, como alimento de reserva, así sucesivamente iba liquidando mis piezas, hasta quedar el Rey más solo que la una.
    Mi Rey estaba casi acorralado por la reina de mi contrincante, y por dos torres, y por un caballo y por un alfil, era irrespirable, “En qué piensas, monada, seguro que en las chicas que están tumbadas en las tumbonas enseñando sus preciosos atributos”, “no, estoy pensando en cómo salvar a mi rey”. “Por que te aprecio mucho haré movimientos para quedar en tablas”, “Es imposible”. “¿Por qué?”, “Por que con toda tu artillería de piezas hay pocas posibilidades de salir vivo mi rey”, “Sabes que cuando no tienes ninguna otra pieza, puede quedar en tablas cuando da veinte pasos el Rey”, “Ah, ya, pues venga, daré veinte pasos”.
    Al final quedamos en tabla. Su deseo en el fondo era liquidar a todas las piezas salvo al Rey. Y al final salvar al Rey. “Realmente no te entiendo, por qué no liquidas al Rey”. “Por que el Rey eres tú, estamos jugando simbólicamente” “Tomemos las horchatas, y cojamos las toallas playeras y vámonos a la playa, me apetece tomar un poco de sol y bañarnos”, me dijo; fuimos a la playa, se nos olvidaba la sombrilla, dimos marcha atrás para coger la sombrilla, nos plantamos en la playa, hincamos la sombrilla, explayamos las toallas, nos sumergimos en la playa, nadamos...
    Estuve pensando sucesivamente en el Ajedrez. No soy muy bueno jugando al ajedrez. De repente vino una gran nubosidad, y llovía a cántaro, cogimos nuestras cosas y nos refugiamos bajo una marquesina de una parada de autobús, protegiéndonos de la lluvia y nos cubríamos con la toalla playera por que bajó algo la temperatura, y cuando la lluvia amainó un poco nos fuimos a la Estación de Autobuses para volver a nuestras ciudades del interior, a nuestros hogares, mientras regresábamos a nuestros hogares nos partíamos de risa recordando las malas jugadas del tiempo, y me hizo recordar frecuentemente las jugadas del ajedrez, como que se lo sabía casi de memoria y me relataba cada uno de los movimientos hasta dejar al rey solo, indefenso, inerme, y se partía de risa cuando recordaba que el rey se quedaba solo, era todo premeditado, quería jugar simbólicamente conmigo.
    Días sucesivos estuve algo constipado por ese cambio brusco de temperatura, mi jefe inmediato del trabajo me dijo que tenía sangre diluida en agua, que no tenía sangre, que tenía agua en mis venas, como si nada. Le recordé mi aventura con mi amiga, que él conoce, en la playa, jugando al ajedrez, y le contaba eso del ajedrez, y del cambio de clima en la playa, y que por eso pillé un ligero resfriado, mi jefe inmediato no estuvo satisfecho con mi respuesta, ya que faltar dos días sucesivos sin justificación es algo grave, y verdaderamente no quería escuchar mi historia, “a mi tu historia con tu amiga me la suda, ¿comprendes?, tu obligación es responder en el trabajo, y no con esa sangre diluida en agua que tienes”.
     

     
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