David Alexander
En este apartado presentamos fragmentos de las obras de este nuevo escritor, que con estas palabras se presentaba a Spanish Books:
"Me llamo David Alexander y soy universitario de nacionalidad americana. Es muy extraño el caso pero durante mi estancia en España el curso pasado encontré mi veta poética en la lengua castellana. Antes nunca habría pensado escribir poesía pero resultó que me salía con bastante facilidad en español en cambio de mi lengua materna de índole shakespeariana. Pero con un apellido como Alexander, ¡vamos! Es el nombre más anglosajón de toda la anglofonía. Si mis obras son buenas, bien, si no, la culpa es toda mía."

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  • Infortunios Literarios de un poetastro

    El brillo de las letras se me escapó un día mientras escribía estas mismas letras que vas descifrando.Me sentí hueco de repente, un vaso de barro cocido cuyas entrañas se habían vertido a la nada y me encontré sin llama ni centella para embarcar en más escritos vanos. Aunque tinta tuviera, poco saldría de la pluma mía ya que el tintero del alma misma se había quedad seco y muerto, una fuente estéril priva de toda savia poética.
    Luego en un estado de vana frenesí maldije las musas y las ninfas esquivas y impugnado contra la cruel ventura me puse de nuevo a trazar la pluma sobre blandas hojas de papel pero por desgracia no brotara ni una sola gota de mi mal hallada espada y con eso hacía y deshacía un sinfín de tareas literarias abortivas que por mi mal no saliesen a buen puerto.
    Al final, frustrado en mis intentos, maldije la fortuna por segunda vez y me puse a transcribir mi miserable lucha en este pobre folio que tienes por delante.
    ¡Qué el cielo me perdone por mi osadía!
     

    Odas salmantinas y otros cabos sueltos

    Al leer un libro, la primera página la descifras con desosiego y sólo te conduce hacia otra abstracción verbal como otro surco en el camino esperpéntico del texto. Luego das un paso atrás sólo para hallarte ya confuso entre un sinfín de vaciedades lingüísticas. De prisa te avanzas pensando repetir tus pasos anteriores interpretando señas y cifras impresas que sólo responden de manera semejante, brotando con descuido vocablos de un léxico interminable encadenados entre sí, cada uno formando un nivel entre lo metafísico y lo real.
    Pero la realidad ya no la conoces, sumergido en bárbaro lenguaje. Se te apagó la linterna guiadora al hallar sólo términos oscuros, tú un triste caminante perdido en la noche de tinieblas, la boca del lobo, el laberinto idiomático que es la cueva lúgubre del entendimiento humano cifrado por fricativas y palatales fantasmas, criaturas de una lengua infinitamente honda en forma de caracol.
     

    Purificandose amando

    Arrúllame el alma, arrúllame la vida
    con tu manso ruído y cantar;
    déjame tranquilo y saciado,
    ignorante de lo ajeno,
    ensimismado en el ritmo
    celestial de la luna
    y la brava espuma del mar.
    Atráeme a tu llama chamuscante,
    abrásame con tormenta y pasión
    hasta dejarme puro y sano
    como la piedra filosofal;
    las escorias del pecado devastadas
    por el fuego de tu amor.
    Y ahora hecho blanca nieve
    me pongo los ojos en alto
    esperando entresacar
    el perdón divino
    entre las nubes cristalinas
    del cielo.
     

    La balada del amante enfermizo

    Ya no me llames a la puerta, María,
    aquí me quedo en lecho lúgubre
    esperando la muerte devastadora y fría.
    De un amor venenoso me enfermé
    en las calles oscuras de la noche;
    por el corazón se me entró
    dulcemente y sin pesar
    Cuando pienso en ella
    aún oigo los grillos cantar,
    tristes músicos de noches en vela.
    Tambuleando por el camino,
    el alma llena de ansias;
    al hallarla encontré mi destino.
    Ya no te preocupes por mí, María,
    tan lejos estoy de esta vida;
    vuelvo los ojos para adentro,
    sigo el pulso de mi corazón
    enfermizo y lento.
    La enfermedad sigue su curso,
    robándome la dulce vida mía;
    casi puedo percibir
    ángeles cantando en divina armonía.
    Mi mente se turba,
    mi visión se marea,
    adiós, María, mi hermana
    mi viaje comienza;
    como un barco soy
    que se desembarca
    de una rubia playa de arena . . .
     

     
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